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Un mar por explorar: ¡Voluntariado en la tierra de limones!

Hola! Soy Laura García Rueda y todavía creo que he vivido un sueño, que nada ha sido cierto… Pero sí, he tenido la oportunidad de pasar 9 meses de mi vida haciendo un voluntariado bajo el programa de Cuerpo Europeo de Solidaridad o CES enviado por AEGEE-León, en Italia, en el lugar más bonito de, al menos, toda Europa: la Costa Amalfitana.

Ha sido, una de las mejores cosas que me han podido pasar en la vida. Por mucho que estés acostumbrado a viajar, o estar fuera de casa, un voluntariado de largo período es algo único que ninguna otra experiencia te puede dar, porque ya no es solo vivir en el extranjero, es todas las cosas que experimentas y te llevarás contigo para siempre.

Todo comenzó en Marzo de 2019, cuando tocó hacer maletas para 9 meses en el sur de italia… ¿y qué me llevo? Acostumbrada al mal tiempo del norte de España, decidí que solo ropa primaveral y veraniega, seguro que nunca hace frío, qué ilusa de mí! Más tarde me di cuenta que en el sur también hace frío.

Os presento mi hogar italiano!

Vistas de un atardecer cualquiera de verano desde nuestra terraza.

Massa Lubrense, Provincia de Napoli. Apenas a 15 minutos en bus de Sorrento (Costa Amalfitana).

Me gustaría centrar mi artículo en las actividades, experiencias y momentos más enriquecedores y bonitos que he hecho durante mi estancia en Italia, aunque hemos hecho muchas otras, estas para mí son las que me han hecho aprender mucho y  las que más me han marcado en el corazoncito:

¡Convertirse en un vero italiano! Durante el primer mes, era el momento de conocer la zona y transformarnos poco a poco en Napolitanos. Lo primero de todo, era aprender Italiano asistiendo a un curso intensivo para crear la primera base del idioma. Y con el paso de los meses, acabamos comunicándonos sólo en italiano! De hecho, he podido hacer al final del proyecto el examen del B2 de Italiano. (Otra ventaja del hacer CES, aprender nuevos idiomas y sumergirte en la cultura del país). Aprender a cocinar una buena Lasagna, Gnocchi alla Sorrentina o un buen Tiramisú!

Intercambio cultural entre voluntarios. Tuvimos la oportunidad de compartir lo mejor de cada uno de nosotros, nuestra cultura, nuestra comida, nuestro idioma. Cada mes durante el proyecto, era el mes temático de un país de origen, así que aprendimos recetas y palabras sueltas de todos los países presentes en el proyecto. Comenzamos con Italia, continuamos con España, Portugal, Túnez, Letonia, Francia y Serbia! El mes de Diciembre, el último mes, durante la fiesta final, pusimos todas nuestras recetas juntas e hicimos una gran fiesta con comidas de toda Europa!

Actividades con niños y estudiantes. Sobre todo trabajar con niños ha sido una de las experiencias más enriquecedoras de todas. Su dulzura, sus ganas de aprender y su amor por el mar es increíble.

Bahía de Ieranto. El centro del proyecto. Desde Junio a Octubre, nuestro día a día era hacer la

monitorización de la bahía, limpieza de la zona y concienciación de turistas y locales de la importancia de la conservación y cuidado del entorno. Aquí organizamos muchas actividades con institutos, tanto locales como grupos internacionales y disfrutamos de los días de sol, el agua cristalina y los paisajes únicos.

Una experiencia única en un lugar único, con gente única. Excursiones, hiking, días de playa, snorkeling, viajes…Ni en nuestro ratos libres podíamos estar quietos y aprovechamos cada minuto para salir a donde fuese a explorar esta tierra tan especial e increíble. Y todo esto junto con gente genial.

 

Si de verdad tienes la oportunidad de hacer un CES, sea donde sea, te lo recomiendo al 500%. Harás amigos que durarán para siempre, aprenderás muchísimas cosas, saldrás de tu zona de confort, ganarás experiencia en muchos campos, desarrollarás muchos aspectos de tu vida y te sentirás muy feliz. Yo misma, cada vez que veo algo que me recuerda a Italia, no puedo evitar sacar una sonrisa enorme. Y estoy segura, que sea de la forma que sea, volveré a reencontrarme con todas las amistades y sitios mágicos que he dejado allí.

Para más información y seguir como han sido nuestras aventuras y cómo serán las de próximos voluntarios….

Website: www.marineadventures.org

Instagram: project_mare

Facebook: Project MARE

¡Mi experiencia en Armenia!

Hace mes y medio mi vida dio un giro completo, cuando atravesé el continente europeo para iniciar mi proyecto EVS en Ereván, la capital de Armenia. Durante el próximo año de mi vida, mi hogar se situará en este pequeño país ubicado en un cruce de culturas y civilizaciones, cuya presencia a menudo ignoramos. Yo misma desconocía todo lo relacionado con Armenia; fue el interés en el proyecto a realizar – dar apoyo a los educadores de un centro social para niños provenientes de ambientes deprimidos, unido a mi espíritu intrépido, lo que me llevó a lanzarme a esta aventura con los ojos cerrados.

 

Desde el principio, la experiencia ha sido accidentada: acostumbrarse al eterno tráfico de Ereván, su incomprensible red de transportes, la vida en una residencia desvencijada, el escrutinio de los habitantes de esta ciudad, poco habituados a los extranjeros, y aprender algunas palabras en un idioma completamente aislado de todos los conocidos, para poder, al menos, sobrevivir. No soy una persona que le tema a los cambios, pero debo admitir que el periodo de adaptación ha resultado largo y costoso (y, tras mes y medio, no lo considero, en absoluto, finalizado).

 

Sin embargo, todo cobra sentido cuando llego a Zatik, el centro en donde realizo mi proyecto. Allí no sólo me siento útil, sino apreciada. A mi llegada, los niños corren a mi encuentro para abrazarme y practicar las pocas palabras que conocen en inglés. “Hello, how are you? I’m fine, thank you”, es lo que todos repiten, día sí, y otro también. Las educadoras (todas mujeres), con las que poco a poco comienzo a ser capaz de intercambiar algunas frases, me han arropado incondicionalmente: me invitan a café y a dulces (algo que nunca falta entre los armenios), y me hacen notar que valoran mi trabajo en el centro.

 

En todo este proceso no estoy sola, me acompaña otro voluntario junto al que desarrollo las actividades que proponemos diariamente a los niños. A este respecto, tenemos carta blanca. El trabajo que realicemos con los niños y nuestra utilidad dependen completamente de nuestra voluntad y motivación, y de esto no nos falta. Cada día organizamos juegos para enseñar algunas palabras en inglés, porque queremos que los niños sientan curiosidad por el idioma, pero, ante todo, que disfruten. En ocasiones, también participamos con ellos en las actividades organizadas
en el centro: pintura, baile, cerámica…

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Como voluntaria, entiendo que mi papel no debe limitarse a ser profesora de lenguas; con nuestra presencia, los niños son testigos de la diversidad existente más allá de su pequeño universo, observan otras formas de comportarse e interactuar, se hacen preguntas.

 

En mi corto tiempo aquí ya he podido observar cómo los armenios, debido a su historia reciente, comparten una fuerte identidad nacional, mientras que mantienen relaciones de enemistad con la mayoría de sus países vecinos. Este relativo aislamiento justifica todavía más, si cabe, la necesidad de voluntarios extranjeros, como prueba de que las fronteras no son impedimento para la comunicación. Si algo he aprendido en este mes y medio es que, sin importar el país o las circunstancias socioeconómicas, los niños son niños, inocentes, imaginativos y llenos de vitalidad; tan sólo necesitan afecto para desarrollar su potencial. Por eso el proyecto “Helping Hand” es tan importante e, independientemente de las dificultades iniciales, me siento tan afortunada de poder participar en él.

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Formación a la Llegada ESC – Cantabria 2019 (Gizem Kol)

Hola queridos amigos! Os quiero  contar cómo me fui a una Formación a la Llegada del Cuerpo Europeo de Solidaridad con poca expectativa de pasarlo bien, y cómo se convirtió en una de las experiencias más divertidas de mi vida. Hacía mucho tiempo que me había reído tanto en una semana.

Llegamos al albergue sobre las 19h, que era un albergue en una colina, con mucho espacio exterior incluso tenía una granja. Después de la cena tuvimos dinámicas de conocimiento. Y en ese momento me di cuenta de que éramos un grupo muy armonioso. Nos íbamos a divertir mucho. La dinámica era, sentarte en una silla en el centro, decir una cosa que haces bien o una cosa que haces mal, como por ejemplo ” Cocino bien pero bailo mal.” Y el grupo se va pegando los post-its en los que escriben su primera impresión de ti en tu cuerpo. Esa actividad a mí me encantó porque empezamos dándonos buena “vibra”.

El día siguiente nos íbamos conociendo mejor. Hicimos una presentación corta de nuestros países y culturas, contando cosas pocas conocidas y aclarando estereotipos falsos. Había 24 voluntarios de 13 países.

Los últimos tres días por la mañana teníamos formación lingüística, pero ya que es educación no formal no era en plan tienes que memorizar esto y esto. Hemos aprendido español coloquial, frases y expresiones que se utilizan mucho en la vida cotidiana pero que son poco conocidas por los extranjeros.

 

La actividad que más me gustó era una sesión que se llama ”interculturalidad”. Fue la más interesante y cautivadora: Estábamos en una habitación oscura con velas y con una música calma, y nadie podía hablar . Algunos voluntarios hicieron un sketch sobre la cultura de los Albatros, que es una sociedad antigua. Había dos chicos y dos chicas en el escenario, los chicos estaban sentados en sillas y las chicas estaban a sus rodillas sirviéndoles cuanto querían. Nos hicieron a las chicas del grupo quitar los zapatos y estar de rodillas como ellas. Éramos los visitantes y debíamos respetar las reglas de la sociedad. Las Albatras nos saludaron tocando las piernas. Y los hombres y mujeres no tenían ningún contacto físico. Al principio todo parecía muy patriarcado y machista, la gente se ponía incomoda. Al acabar el sketch nos explicaron que todo era al contrario de lo que habíamos pensado. Era una sociedad matriarcado, la tierra era sagrada y las mujeres también por poder crear vida. Por lo tanto no llevaban zapatos, para poder estar en contacto con la tierra. Los hombres tenían que probar la comida antes que las mujeres por si llevase veneno y los hombres se podían sacrificar por el bien de la sociedad. Lo que teníamos pensado era todo lo contrario. Pensábamos que las mujeres eran como esclavas. Había personas con ganas de abandonar la actividad. Esta actividad nos hizo confrontar nuestros prejuicios.

Durante la semana, hicimos una visita a Santander, que era una ciudad que siempre quería visitar. Tuvimos la oportunidad de conocer folklore local cántabro, mucho más sobre España. Ademas hemos conocido mucho mejor el Programa en el que formamos parte y hemos ganado perspectiva sobre cómo podríamos continuar en este tipo

de programas después del voluntariado, qué posibilidades hay para nuestras carreras. Ante todo los formadores a mí me han inspiradomucho a hacerme una de ellos, seguir trabajando en una asociación juvenil profesionalmente.

Al fin y al cabo, ha sido una experiencia inolvidable. Quiero dar las gracias a todo el mundo que conocí y que me hizo sonreír (o llorar de risa) Espero veros en la próxima.

Gizem Kol.

Formación a la Llegada ESC –> INOLVIDABLE

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¡Hola! Soy Zane Karīna, tengo 23 años y actualmente soy voluntaria en el Cuerpo Europeo de Solidaridad con AEGEE-León.

El voluntariado europeo ha estado en mi lista de deseos desde siempre y estoy muy agradecida de haber dejado de esperar el momento adecuado y simplemente ser capaz de aprovechar la oportunidad y meterme en una nueva aventura.

Veo esta oportunidad como una hermosa manera de reunir personas de diferentes lugares del mundo y mostrarles que no importa el trasfondo, sino lo iguales que somos. Es una forma de romper los estereotipos y fronteras que la sociedad de nuestro tiempo ha puesto. Y cuando realmente sucede es cuando comienza la magia. Es muy poderoso estar unida con otros jóvenes llenos de esperanza y deseos de crear un mundo mejor.

ESC+AEGEE-LeonEs mi tercer mes en mi ESC aquí en España con AEGEE-León y hasta ahora ha sido una aventura muy colorida. He conocido a nuevas personas de diferentes orígenes, he viajado y he llegado a conocer esta nueva cultura y su forma de ser. He aprendido muchas cosas de la gente y de las cosas que me rodean. El proyecto en sí mismo me enseña mucho sobre mí. Es un proceso de descubrimiento, aunque haya sido muy bueno, ha tenido momentos en los que te confundes y te cansas un poco de todas las cosas nuevas que te llegan al mismo tiempo. Así que estoy muy agradecida de poder pasar una semana fuera de mi nueva rutina en mi Formación a la Llegada junto con otros 20 voluntarios recién llegados, igual que yo.

097f33f3-2863-4658-b278-ec3ecccdbec8Fue en Miranda de Ebro, en la provincia de Burgos, del 21 al 26 de octubre 2019 cuando recibí la Formación a la Llegada del ESC y el mayor regalo que obtuve en dicha formación  fue la comunidad de personas con los mismos valores para la vida y con la misma forma de ver las cosas.

Durante una semana, nos reunimos para crear un espacio seguro donde compartir nuestras historias, desafíos y dificultades, aprendimos sobre el país en el que nos encontramos, conocimos diferentes formas de aprendizaje, analizamos nuestros proyectos, nuestro trabajo y ¡simplemente conectamos!

Hemos adquirido mucha información acerca del programa Erasmus+ con respecto a nuestro proyecto personal. Uno de los días tuvimos la oportunidad de hacer un pequeño viaje a un pueblo cercano en las montañas donde vimos una forma de vida totalmente distinta. Dimos un paseo por el pueblo, tuvimos una pequeña charla con la gente local y participamos en un taller sobre música tradicional española, luego cenamos en el restaurante local. Todas estas pequeñas cosas nos abren a las diferencias y nos ayudan a obtener nuevas perspectivas sobre la cultura española. 🇪🇸

Fue una semana muy intensa, todos los días desde la mañana hasta la tarde estábamos cumpliendo distintas tareas. Puede parecer fatigoso, pero, créanme, gracias a la energía que nos transmitíamos la una a la otra, el tiempo pasaba muy rápido.

Me gustaría mencionar que éramos diferentes nacionalidades de todo el mundo. Además de Europa conocimos voluntarios de Marruecos, Indonesia, Colombia, Argelia, Turquía y Rusia. Y no todos éramos hablantes perfectos de inglés o español, pero no nos impidió encontrar una manera de comunicarnos entre nosotros. La diversidad nos ayudó a ver cómo puedes viajar por el mundo sin moverte. Aprendimos sobre nuestros diferentes orígenes, compartimos nuestras opiniones sobre nuestros países y sobre nuestro nuevo hogar, España. Rompimos los estereotipos sobre la cultura española y aprendimos a comprobar qué persiste después de la primera impresión.

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Cada uno de nosotros tiene su razón diferente, pero al mismo tiempo similar de por qué estamos aquí. Nuestras creencias y comprensión similares sobre los procesos nos ayudaron a crear una comunidad que se mantendrá fuerte. Me di cuenta de que nunca volveré a estar sola.

¡La conexión humana que se puede encontrar en este tipo de eventos juveniles es increíble!

Quiero dar las gracias a los formadores que tuvimos por una actitud tan profesional y cálida hacia el proceso de aprendizaje. Personas y experiencias como esta te inspiran a compartir el mensaje y te da valor para trabajar hacia un mundo mejor. Fue verdaderamente una semana inolvidable que siempre voy a llevar en mi corazón. 😍

¡Festival juvenil en Ventspils!

Durante 59 días, 4 voluntarios españoles participaron en el proyecto

“Youth Festival, Random Republika”

Irati y Silvia, nos cuentan a continuación su experiencia en este proyecto, y cómo fue ¡una de las mejores decisiones que tomaron este verano!

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¿Cómo fue la experiencia para Silvia?

¿Qué mejor forma de aprovechar el verano que ayudar a crear un festival juvenil en un pueblo de Letonia? En eso consistía el proyecto en el que participamos, en dar apoyo durante 5 semanas a la Ventspils Jauniešu Māja en la creación y organización del festival juvenil “Random Republika” celebrado a principios de agosto en la población de Ventspils, a 3 horas de Riga (Letonia).

Al comienzo de nuestro voluntariado no sabíamos muy bien qué nos depararían las siguientes semanas, ya que ninguno de nosotros había participado antes en un voluntariado de corta duración del Cuerpo Europeo de la Solidaridad. Es por eso que estábamos un poco asustados pero al mismo tiempo ilusionados por conocer gente nueva, divertirnos y aprender o mejorar nuestras habilidades.

Desde el primer momento nos sentimos bienvenidos en la Youth House -algo así como un espacio joven. Los organizadores confiaron en nosotros sin apenas conocernos, algo que fue muy agradable ya que la sede de la organización de acogida iba a ser también nuestra propia casa. Nos dieron total libertad para adecuar el espacio a nuestras necesidades y los organizadores siempre estaban pendientes de nosotros para que estuviésemos cómodos durante la totalidad de la estancia.

Éramos 10 voluntarios de corta duración de diferentes países como Hungría, Bulgaria, Alemania, Polonia, Portugal y España, pero también formaban parte del proyecto dos voluntarios de larga duración de Italia y Polonia, así como jóvenes locales y los organizadores que no pasaban de los 30 años. Cada uno de nosotros venía de diferentes entornos y teníamos personalidades muy diferentes, pero aprendimos a gestionar nuestras diferencias y convivir sin problemas.

Nuestro día a día era bastante flexible: trabajábamos de lunes a viernes de 10 a 17, con una hora para preparar la comida y descansar. Dentro de la Youth House teníamos habilitada una zona para cocinar y cada día de la semana una pareja se encargaba de preparar la comida y la cena que previamente habíamos pensado en el menú semanal.

A primera hora echábamos un vistazo a la planificación diaria y nos organizábamos en equipos para crear decoraciones, juegos, actividades y estrategias para promocionar el festival. Al principio todo era un poco confuso porque no sabíamos muy bien que hacer y el objetivo de los organizadores es que creásemos algo totalmente nuestro con lo que nos sintiésemos identificados, pero poco a poco nuestras ideas -con algo de guía- fueron tomando forma y todo se hizo mucho más sencillo.

Algo que me gustó mucho del programa fue cómo las primeras semanas los organizadores prepararon actividades para que nos conociésemos más entre nosotros y creásemos vínculos con los jóvenes letones y su cultura. Un día, por ejemplo, tuvimos el “Día Letón” y entre todos cocinaron comida típica y crearon una gymkana alrededor de la ciudad para conocer diferentes monumentos y zonas. También me gustó mucho cómo siempre empezábamos con algún tipo de actividad grupal para fortalecer el equipo y activarnos.

Por las tardes en nuestro tiempo libre, nos íbamos a pasear a la playa, veíamos una película, jugábamos a juegos de mesa o simplemente charlábamos todos juntos, pero los fines de semana aprovechábamos para viajar a otras ciudades cercanas como Kuldīga, Talsi o Liepaja. Era muy interesante salir de Ventspils de vez en cuando y visitar otras partes de Letonia.

Personalmente he disfrutado mucho esta experiencia ya que me ha permitido retarme a mí misma en muchos aspectos como convivir con 9 personas más de diferentes nacionalidades y coordinar el diseño y construcción de una instalación artística. También he podido practicar y mejorar mi inglés y otras habilidades como la asertividad, la solución de problemas y la coordinación de equipos, algo que definitivamente va a tener un impacto muy grande en mi futuro. Estoy muy feliz de haber participado en este proyecto en el que he conocido gente maravillosa y trabajadora que me ha ayudado a crecer un poco más como persona.

 

¡La experiencia de Irati!

Nunca hubiese imaginado ir a Letonia en verano. Este año quería vivir una experiencia nueva y diferente, y con suerte aprender algo que me sirva para mi día a día. Encontré el voluntariado Europeo, me pareció interesante y me puse a descubrir e informarme más sobre este trabajo voluntario. Así es como vi esta oportunidad, y, la verdad me pareció bastante interesante, ayudar a crear un festival juvenil. Era un tipo de actividad que nunca había hecho antes, y lo mejor, iba a tener una experiencia fuera de España.

Entonces sin pensarlo dos veces me apunté, deseando que me eligiesen, y por suerte sucedió. Esta experiencia, este voluntariado, es lo mejor que he hecho hasta el momento, y la verdad que estoy muy agradecida de haber tenido esta oportunidad.

Vivir en Letonia durante un mes me ha traído muchas cosas positivas. He aprendido mucho de este prácticamente nuevo país, su cultura y su gente. Hay personas maravillosas viviendo en Venstpils y nosotros fuimos muy suertudos de poderlos conocer durante este mes.

Nuestro día a día se basaba en crear diferentes actividades, decoraciones, dar nuevas ideas… todo para poder hacer un festival interesante, visual y divertido para los jóvenes. Era mucho más divertido cuando los voluntarios letones nos ayudaban, ya que hacían nuestra rutina más agradable. Tuvimos la suerte de contar con ellos no solo profesionalmente, pero también como amigos.

Los 10 voluntarios y los ayudantes letones hicimos un gran trabajo, pero no lo podríamos haber hecho sin la ayuda de nuestros organizadores. Helena, Unda, Emils… fueron muy serviciales y amigables con nosotros.

En este proyecto, todos los días eran diferentes y eso hizo nuestro mes único. Teníamos dos días libres cada semana, entonces (los 10 voluntarios) aprovechábamos y visitábamos otras ciudades para conocer Letonia mejor. Así fuimos a ver Kuldiga, Liepaja, Talsi, Riga… Son ciudades curiosas de ver ya que cada una tiene su encanto propio.

Para resumir, sin ninguna duda recomendaría esta experiencia a futuros voluntarios. Es una manera genial de conocer nuevas personas, hacer amigos, conocer un nuevo país y salir de tu zona de confort ayudando a los demás.

Fue un mes muy especial para mi y con suerte en el futuro lo será para otras personas también.

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